Blog

BIZKAIA TXIKIA BOISEN

BIZKAIA TXIKIA BOISEN

Aintzane Uria

13 martxoa, 2014

Iruzkinak barik

Pequeña Bizkaia en Norteamérica

 

La tradición gastronómica de los vascos de Idaho ha tenido siempre prestigio en la zona. El origen de los platos, una original adaptación de la rica tradición culinaria del Golfo de Vizcaya, rica en pescado y otros ingredientes ajenos a Idaho, se remonta a la llegada de los primeros pastores vizcaínos, que ya eran conocidos por el uso del horno y la preparación de platos con patata (que sustituía al pescado), cerdo, cordero, pimiento, tomate, lentejas, garbanzos, judías pintas, embutidos (el chorizo que elaboran tiene fama en la zona) y, sobre todo, los sobrios aliños tan apreciados en Idaho que convierten a la cocina vasca (y por extensión, a muchas cocinas hermanas en España y Francia) en una experiencia gastronómica de primer orden, sobria y llena de sentido común (a diferencia de la limitada cocina “all American”, influenciada por México y tradiciones poco agraciadas del norte de Europa, pervertidas con picante y con un revoltijo de especias usadas sin ton ni son).

Se trata de, claro, ingredientes que raramente faltan en una casa de Francia o la Península Ibérica: ajo, sal, perejil, pimentón verde (conocido con el nombre centroeuropeo de “paprika” en Estados Unidos) y azafrán. Común en Europa sur-occidental, poco entendido en resto del mundo, o usado con menos tino (por ejemplo, la versión estadounidense de “cocina italiana”, con sabores superpuestos hasta el hastío, se parece poco a cualquiera de las cocinas regionales del país transalpino).

Alberto Santana Ezkerra, profesor de Estudios Vascos en la Universidad Estatal en Boise, él mismo descendiente de vascos, es una de las personas que han dedicado su vida a documentar las costumbres, tradiciones e impacto de los vascos-americanos en Idaho y otros lugares del Oeste norteamericano. Para Santana Ezkerra, “la gastronomía es la segunda, si no la primera, religión de los vascos”.

Reinterpretando la gastronomía vasca en Idaho

Uno de los mayores impactos es el que ha dejado la cocina y el modo en que miles de ciudadanos de Idaho celebran, en su cotidianeidad, una cultura que nació a miles de kilómetros y siguen considerando suya. Se trata de detalles como celebrar reuniones familiares y de amigos en torno a la mesa, sentados, disfrutando de la comida y la compañía. Preparar y compartir comida es uno de las maneras de celebrar la vida que tienen los vascos-americanos, una actitud que no despertaría interés en Europa, pero que en Estados Unidos puede considerarse en peligro de extinción.

Según Dan Ansotegui, propietario y fundador del Bar Gernika, situado en el entorno de Grove Street en Boise, considerado el epicentro de la cultura vasca en Estados Unidos, “en el País Vasco una comida es algo más que un evento de 20 o 30 minutos, y se trata de algo más que simplemente alimentar el cuerpo (‘fueling the body’). Es una ocasión para sentarse con los amigos, y requiere un cierto tiempo, tanto para preparar como para comer. El aspecto social de la comida es tan importante como la propia comida”.

Chris Ansotegui, hermano de Dan, ve la cultura vasca de sus antepasados como “el viejo estilo de sentarse en la mesa y compartir lo que te ha pasado ese día: visitando y sin prisas. Se trata de amistad y amor en torno a la comida. No es un momento para hablar de negocios, sino un tiempo valioso para sentarse con el prójimo. Lo que comemos y cómo lo comemos es parte de nuestra identidad vasca”.

David y Epifanía Inchausti

Los abuelos de Dan y Chris Ansotegui, David Inchausti y su mujer Epifanía, ambos oriundos de Vizcaya, abrieron en 1936 el Gem Bar de Hailey. Año en que se inauguró también, para su alegría, el hotel The Lodge en Sun Valley; y, para su tristeza, fecha de inicio de la Guerra Civil Española.

El Gem Bar, con sus comidas “family style”, que consistían, siguiendo la tradición de los pastores de origen vasco de la zona, en ofrecer una serie de platos cocinados con recetas caseras, con cantidades al gusto del comensal, que podía repetir sin cargo adicional, pronto alcanzó fama no sólo entre los trabajadores de la zona.

Dado el éxito del bar-restaurante, los Inchausti ampliaron el comedor, al que acudirían frecuentemente Clark Gable, Gary Cooper o Ernest Hemingway. Los nietos de Epifanía todavía rinden homenaje a las dotes culinarias de su abuela, que enriquecieron la interpretación de la cocina vasca en Idaho.

En palabras del profesor Ezquerra: “no es una comida real si uno puede ver las piernas del otro”, en alusión a la costumbre estadounidense de comer cuando uno lo necesita, independientemente del momento del día, a menudo de pie o haciendo a la vez cualquier otra cosa, entendiendo la comida como una mera necesidad fisiológica para seguir a buen ritmo el resto de la jornada.

El auténtico significado de identidad

No soy vasco ni tengo familiares en Euskal Herria, pero este pequeño descubrimiento de la rica cultura vasco-americana en Boise me ha hecho rememorar muchos de los acentos y actitudes ante el devenir de la vida que más respeto de los países y regiones de España y Francia.

Tengo la suerte de disfrutar de ellos a menudo; uno es consciente de su fragilidad en entornos tan competitivos y homogeneizadores como el de Estados Unidos, un país nuevo cuyo fuerte carácter aglutinador en torno a sus símbolos fue forjado precisamente para que sus inmigrantes, la mayoría de ellos europeos, fueran asimilados con rapidez.

También me agrada encontrar historias (como la de Colton Maslen y su novia “vasca”, hija de un tal “Sab”, o Sabino; o como las que recoge Patti Murphy en su excelente reportaje para Sun Valley Magazine) sobre la cultura vasca en Estados Unidos y verme a mí, a mis amigos y mi familia representados en ella en más de una manera, sin rencores, sin malentendidos.

Celebrar la cultura vasco-americana, sentado en un sillón asomado a un riachuelo en el Wood River Valley, es celebrar la mejor Europa, la de las tradiciones que han sabido tomar con la mayor elegancia los placeres sencillos de la vida, endulzando nuestro devenir sin provocar empacho. Purificador como un baño constante en el río, siempre en aguas distintas, todas ellas con el propósito lejano de llegar al mar.

Retazos de vida sencilla, ya casi olvidada. Ojalá nuestra política se asemejara a muchas de nuestras tradiciones

comida

One Comment

Utzi erantzuna

Zure e-posta helbidea ez da argitaratuko. Beharrezko eremuak * markatuta daude