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JOSTUN AUSARTA: BEGOÑE ANDONE ERDOIZA

JOSTUN AUSARTA: BEGOÑE ANDONE ERDOIZA

Aintzane Uria

11 martxoa, 2014

Iruzkinak barik

 

 BEGOÑE ANDONEREN BIZIMODUA LIBURU BAT IDAZTEKO MODUKOA IZAN ZEN, BESTE ASKOREN MODUAN GERRA JAZAN ONDOREN MILAKA ISTORIO ZITUEN KONTATZEKO. KASUALIDADEZ, GURE LAGUN BATEN, ERROMERI ZALE BATEN, IZEKOA ZEN BEGOÑE, BERARENTZAT,  “TIA BEGOÑE” ETA ZUEN ESKU USTEN DUGU “TIA BEGOÑEREN” ISTORIOA,BERE  BIZITZAREN LABURPEN TXIKI BAT.

IURRETAR HONEK PASADEN ASTEAN BETIKO AGUR ESANDA JOAN ZEN. ARRO JOANGO ZEN, EA EHUN URTE BORROKATUZ GURE KULTURA AURRERA EGIN DEZAN. ORAIN BERE ISTORIOA GUREA EGIN DA,  IBAN GORRITI KAZETARIAREN ARTIKULUA IRAKURRITA.

AGUR “TIA BEGOÑE”, ZERUAN ERE JOSTORRATZAK EGONGO DIRELAKOAN GAUDE……..

 

 

 

SUPERVIVIENTE DEL BOMBARDEO DE DURANGO DE 1937

Begoñe Andone Erdoiza, la modista valiente

Begoñe tenía 15 años cuando el bombardeo.

IBAN GORRITI

DURANGO – El tranvía de Durango dejó de funcionar para siempre aquel 31 de marzo de 1937, miércoles de mercado y misa fatídico, bombardeado y fascista. Por suerte, por una simple anécdota, la vida de Begoñe Andone Erdoiza Uribarrena continuó su viaje por sus vías hasta el pasado 25 de febrero en el que su risueño corazón paró en el último andén. La de Iurreta había disfrutado 93 años haciendo gala de una mente brillante. Para recordarle sirve aquella idea célebre que dice: Las mentes mediocres hablan de los demás, las mentes corrientes hablan de actualidades y las mentes brillantes manejan ideas, proyectos, futuro. La suya brilló.

Begoñe la modista, como a ella le gustaba que le llamaran, desde que tenía 15 años vivió siempre con un lema “el no puedo no existe”. Fue desde el día del bombardeo de Durango, del que salió ilesa aunque la onda expansiva de una bomba lanzada por los italianos le metió de la puerta del edificio del batzoki de Ezkurdi hacia adentro.

 

Al día siguiente, la lehendakari de emakumes del PNV de la villa, Gloria Zubia, envió a la entonces joven a que de noche entrara al batzoki ubicado en Ezkurdi. Begoñe conocía bien el local porque el restaurante lo regentaban su padre, José el transportista que fue concejal del PNV en Iurreta, y su madre, Mónica la pantalonera. Un importante punto de la encomienda era que recogiera la ikurriña para entregarla al Bizkai Buru Batzar en Bilbao. Atemorizada por todo lo vivido respondió: “No puedo”. La responsable de emakumes le dijo entonces: “No puedo no existe”. Y pudo. Orgullosa de ello, durante su casi siglo de vida fue abanderada de tal expresión que trasmitió a sus descendientes.

La mañana del bombardeo su madre se libró de la muerte en una iglesia. Una amiga suya de Oromiño (Iurreta) se acercó a la casa de Mónica a cambiarse de zapatos antes de ir a misa a Durango. La madre de Begoñe probó el café del desayuno de su marido para saber si ya le había echado azúcar o no. Por esta razón, al no ir en ayunas a comulgar, la pantalonera se quedó en su caserío Matxiñena. Su amiga, por el contrario, murió mientras oía misa.

La joven Begoñe sí estaba en Durango. Recordaba ver muertos por las calles, así como parte del tejado del batzoki caído. Un chófer le llevó a su casa. La familia no volvió a vivir en la casa de la sede del PNV, como habían hecho por ser regentes. Sí se trasladaron dos meses a Bilbao. En ese tiempo, Mónica arriesgaba su vida yendo hasta el caserío a por comida.

Al ocupar los fascistas Bilbao se dirigieron a Karrantza y a Beranga (Cantabria). A José, el padre, su partido, el PNV, le exilió a Francia desde Ribadesella en un carbonero. Begoñe y el resto de familia se embarcaron hacia Iparralde y consiguieron atracar en Burdeos tras escapar del barco fascista Cervera. De allí fueron en tren al norte de París, a Beauvais, donde recordaba a otras familias de Durango como “las de Arieta y Zubizarreta”, apuntaba ella en un escrito de sus memorias de guerra en 2012.

Tras tres meses en aquel enclave galo, decidieron volver a Iurreta. Viajaron hasta Hendaia en tren y desde allí a Santurtzi en barco. José tuvo que permanecer en Donibane Garazi trabajando en unas colonias de recogida de niños y niñas de la guerra y retornó tres años más tarde a Matxiñena con los suyos.

ZUBIZARRETA

Nacida el 13 de junio de 1920, día de San Antonio (de ahí lo de Andone), la modista estudió en las escuelas de barriada de Arriandi. Trabajó en Calzados Berrio de Durango, pero lo tuvo que dejar para cuidar a su madre que enfermó de tifus. Fue entonces cuando volvió a trabajar cosiendo. “Yo cojo más a gusto la aguja que el trapo de limpiar”, sonreía esta amante de deportes como el fútbol y la pelota. “En el funeral supimos que Andoni Zubizarreta estaba emparentado con nuestra familia. Pena que no llegó a saberlo, hubiera sido un orgullo para ella”, explican sus descendientes.

Afable, aconsejaba que “antes de hablar, mejor contar hasta diez”. Y lo cumplía dando ejemplo con talante filosófico. Lo aprendió de su abuela, Josepa Antoni, la única que sabía en su tiempo leer y escribir en el barrio iurretarra de Arriandi. Leía y respondía las cartas que llegaban al distrito. Su vitalidad le llevó a que en la familia le llegaran a llamaramama bólido. “Incluso en los últimos tiempos, con el taca taca, había que decirle que fuera más despacio”, apuntan.

Contrajo matrimonio en Urkiola con José Luis Goikoetxea, transportista del barrio Astola, Abadiño. Tuvieron tres hijos: Koldo, Sabin y Bego a quienes ha trasmitido valores, alegría y “marcha, era muy marchosa”.

En 2012, las asociaciones Gerediaga, Berbaro y Kriskitin arropadas por el pueblo de Durango le rindieron homenaje en los actos de conmemoración del 75 aniversario del bombardeo de Durango. Ella colocó un ramo de flores en la placa del pórtico de Santa María. “Fue un día muy emocionante para ella y la familia, un reconocimiento importante”, corresponde la familia.

Recordada como la modista, solía aconsejar a una familiar que tiene una tienda de moda e, incluso, los últimos años iba de ocho de la tarde a la medianoche a Bilbao a ver qué modelos había. “Esos días era la mujer más contenta del mundo. Ya de joven, vinieron de Barcelona su casa a ofrecerle para ir allí a trabajar, pero no quiso. En Durango, familias muy conocidas le hacían el encargo del traje de novia a ella”.

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